jueves, 17 de diciembre de 2015

Crónica de Navidad

Reconozco su rostro en el telediario del televisor de la tienda de artículos electrónicos. Me coloco la capucha de la sudadera y oculto mis ojos con unas enormes gafas de sol negras. Camino por las calles, evitando mirar los escaparates, intentando no contemplar mi reflejo. El frío invernal contrasta amargamente con el calor hogareño que desprenden los edificios que me rodean, que me encierran en un callejón sin salida. Las luces que cuelgan del cielo contaminan el brillo de las estrellas, tristes y desoladas por la Navidad. Este año no ha caído la nieve, pero el hielo congela las aceras. Resbalo, caigo al suelo y, afortunadamente, no hay nadie más a mi alrededor. De todas formas, me levanto avergonzada por mi caída y retomo mi paseo, mi viaje hacia ninguna parte.

Llamo a un desagradable timbre y su voz me desencaja. No contesto, solo suspiro. La puerta se abre ante mis ojos y sus ojos revisan mi cuerpo de arriba abajo. No se aparta para que entre. Tampoco lanza ningún cuchillo. Ni siquiera es capaz de mirarme cuando me quito las gafas. Me muerdo el labio inferior con nerviosismo, agarrándome al marco de la puerta para no derrumbarme, aunque sé que tarde o temprano lo haré.

Entonces aparece ella, con su limpia sonrisa y sus tintineantes ojos. Toca su hombro y este se aparta de mi camino. Acompaño a la pareja hasta el salón, donde dos preciosas tazas de porcelana rebosan té caliente y unas pastas navideñas las acompañan. Ella me hace un gesto para que me siente a su lado y me ofrece una de las tazas. Niego con la cabeza y él, disgustado por mi desencantada actitud, coge su abrigo y sale por la puerta. Su mujer suelta una lágrima, olvidándose de su sonrisa. Me levanto del limpio y cálido sofá en el que estaba sentada y corro al exterior, donde él se está fumando un cigarrillo. Me pongo de pie junto a él, deseando conservar su aroma a tabaco y perfume masculino. Introduzco mi mano izquierda en el bolsillo de la sudadera y saco una pequeña caja de madera oscura. La guardo en su bolsillo y vuelvo al interior del que antes había sido mi hogar.
Minutos después, los cuales pasan como horas en mi cabeza, el aparatoso cuerpo de mi padre vuelve a casa, cerrando la puerta de un portazo, y me devuelve la caja hecha añicos. Mi madre se levanta y se derrumba junto a la cajita destrozada. Él le pega una patada a ella, después a la mesa y, seguidamente, viene hacia mí. Me alejo poco a poco, yendo hacia atrás hasta que la pared me impide retroceder más.

Primero, un puñetazo.
Segundo, un rodillazo en el vientre.
Sangre.
Tercero, una mirada asesina.
Cuarto, me ahoga con sus fuertes manos.
Lágrimas.
Final.


Crónica: Las autoridades confirman que se trataba de un doble asesinato. Posteriormente, se ha confirmado el suicido del senador, por lo que se le acusa de ser el asesino de su esposa y su hija, ambas siendo investigadas por el forense actualmente. Los especialistas médicos añaden una doble agresión por violencia de género en las dos víctimas que [...].

lunes, 30 de noviembre de 2015

Últimamente

Últimamente me siento en la necesidad de escribir en el blog, soltar todas las ideas que hay dentro de mi cabeza cual parto primerizo, pero no suelo ser una persona muy constante y me cuesta. Las palabras, frases y párrafos están ahí, en mi mente, mas el acto de teclear y desahogarme al mundo se me hace más y más difícil cada día.
Podría escribir los versos más bonitos esta tarde, o un cuento de princesas inolvidable.
Podría soltar todo el aire que llevo conteniendo en mi interior durante días y convertirlo en deliciosas palabras, así, sin colador ni nada.
Podría mitigar mi miedo a decir todo lo que pienso o todo lo que soy.
O quizá, tan solo hoy, podría olvidarme del qué dirán, sentarme frente al ordenador en una incómoda silla de la biblioteca de la universidad y abrir las puertas que os separan de mis historias. Mis delicadas, tristes y melancólicas, terroríficas o policiacas, olvidadas o recordadas, escritas o descritas, simples o complejas, grandes o pequeñas, o una mezcla de ambas, o de todo a la vez.
Sí, sería una gran idea.
Una idea.
Una.
Y.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Fuego.

Fuego.
Fuego es todo lo que recuerdo.

El reflejo de un incendio permanece intacto en mis pupilas.
Un mechero sin gas.
Una cerilla con el fósforo corroído.
Una hoguera descontrolada.

Viviendo en un infierno sin salida.

Quema.
Mis manos queman.

Humo.
Mis pulmones están secos,
sin oxígeno,
sin vida.

Llamas.
Me llamas y yo te busco entre la multitud.

Grito.
Un grito me ahoga.

¡Salta!
Mi corazón salta en mi pecho.

Espera.
Espero en silencio.

Fuego.
Todo a mi alrededor es fuego.

Muerte.
Todo a mi alrededor es muerte.

Muero.
Mis miedos mueren conmigo.

Adiós.
No veo a Dios porque no existe.

Existir.
Desistir.
Morir.
Arder.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Egoísmo

Pensamos que no hay nada más allá que nosotros.
Nuestros problemas eclipsan los de los demás y nos cegamos ante la idea de que nadie en el mundo sufre tanto como nosotros.
Yo creo que todos hemos nacido para ser egoístas, para disfrutar del momento sin importarnos las consecuencias que pueden recaer en las personas de nuestro entorno.
Pero yo creo que no nos hace falta ser egoístas, no nos hace falta preocuparnos sólo por nuestra propia vida.
No quiero que entendáis lo que voy a decir como si estuviese hablando de los ángeles de la guarda, mas es cierto que no estamos solos.
Hay una fuerza que nos impulsa a cumplir nuestros sueños y propósitos, hay una voz que nos va marcando el camino.
Esa misma voz es la que nos conecta con los demás, la que nos hace preocuparnos por la salvación del prójimo.
Y esa voz, ese susurro en el viento, es la amistad.
Permanecemos a la vista de todos, exhibiendo nuestros atributos, ocultando los defectos.
Pero llega esa voz y nos despierta de nuestro sueño dogmático y nos traslada al mundo real.
En ese mundo, marcado por los convencionalismos sociales, escuchamos frases como:
aceptamos el amor que creemos merecer.
¡Qué hipócritas somos!
Si fuese por nosotros, nos enamoraríamos de las desgracias, del miedo o de la muerte.
Recordamos más los malos momentos que los buenos.
¡Craso error!
Y realizamos un rápido análisis sobre nuestras experiencias más desagradables.
Solemos recordar más a menudo lo malo que lo bueno, aunque en el fondo, muy en el fondo, soñamos con nuestro futuro a partir de los buenos momentos del pasado.
Construimos un mundo nuevo, el mundo del mañana, utilizando esos recuerdos maravillosos y transportándolos a un mundo ideal, fantástico e inigualable.
Nuestro propio y egoísta mundo.

viernes, 13 de noviembre de 2015

¡20 curiosidades que te darán de qué hablar!

Haciendo una detallada búsqueda a través de diferentes páginas web, acabé enredada en una de esas con "curiosidades". Mi espíritu curioso quiso saber más y más, hasta que he acabado seleccionando las que más me han llamado la atención. Aquí os dejo una lista (no sigue ningún orden específico) de "¡20 curiosidades que te darán de qué hablar!":



1. Existen más posibilidades de que te caiga un rayo que de que ganes la lotería.


2. A lo largo de la vida, uno camina el equivalente a 3 vueltas al mundo.

3. Sabías que Las Vegas es el punto más luminoso que se ve desde el universo.

4. El graznido de un pato (cuac, cuac) no hace eco y nadie sabe por qué.

5. Los diestros viven en promedio nueve años más que los zurdos.

6. Es imposible estornudar con los ojos abiertos.

7. Thomas Alva Edison tenía miedo a la oscuridad.

8. Una persona parpadea aproximadamente 25 mil veces por semana.

9. Los CD fueron diseñados para recibir 72 minutos de música porque esa es la duración de la Novena Sinfonía de Beethoven.

10. El material más resistente creado por la naturaleza es la tela de araña.

11. Antes de la Segunda Guerra Mundial, en el directorio telefónico de New York había 22 Hitlers. Al final de la guerra no había ninguno.

12. Antes del 1800, los zapatos para el pie izquierdo y derecho eran iguales.

13. El océano Atlántico es más salado que el océano Pacífico.

14. Cien tazas de café tomadas en un lapso de cuatro horas, técnicamente pueden causar la muerte.

15. En la ciudad de Los Ángeles hay más coches que personas.

16. Los gatos y los perros, al igual que los humanos, pueden ser zurdos o diestros.

17. Los hombres utilizan un promedio de 15,000 palabras por día, las mujeres 30,000.

18. El alfabeto hawaiano tiene 12 letras.

19. Cada rey de las cartas representa a un gran rey de la historia: picas: Rey David; tréboles: Alejandro Magno; corazones: Carlomagno; y diamantes: Julio Cesar.

20. El nombre "Wendy" se inventó en el libro “Peter Pan.”.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Mi fenómeno

Os estaréis preguntando qué significa el título o a quién llamo "mi fenómeno". Y yo os lo explico encantada.

Este "fenómeno" cobró vida para mí en cuanto nací. "Antonio" le llamaban todos y yo le conocía como "abuelo". La vida de mi fenómeno no fue ni dura ni fácil, pero sí muy ajetreada. Se dedicó a tantos oficios que no soy capaz de recordarlos todos, pero algunos eran: futbolista del Real Murcia, bombero, pescadero... así hasta hacerse con un kiosco de prensa y, finalmente, jubilarse.
Conoció a mi abuela valenciana gracias a su hermana Santi, pues eran muy buenas amigas. Se casaron jóvenes, como era costumbre, y tuvieron tres encantadoras Gracias, entre las que se encuentra mi querida madre.
Mi fenómeno y mi madre eran uña y carne, este le cubría las espaldas cada vez que ella hacía alguna trastada, defendiéndola a muerte frente a mi abuela, la campeona en lanzamiento de zapatilla. Hace unas semanas volvimos a ver el vídeo de la boda de mi madre delante de toda la familia y todos nos emocionábamos viendo como le caían las lágrimas por el rostro, pero siempre manteniendo una sonrisa. Y así fue hasta el final de sus días, tumbado y entubado como un astronauta (así lo llamaba mi abuela) en una cama de la UCI. Incluso colocado perfectamente dentro del ataúd nos mostraba su rostro de paz y tranquilidad a todos nuestros familiares y amigos.

Ahora es cuando viene el momento triste....

Durante la Navidad del año 2012 empezó a sentirse mal y lo ingresaron en el hospital por una especie de neumonía. Allí le estuvieron haciendo pruebas y descubrieron que una bacteria, la cual se contagia durante las operaciones quirúrgicas, estaba ocupando sus pulmones y estaba a punto de llegar al corazón. Poco a poco fue empeorando en esa habitación de hospital, en la que llevaba una especie de pijama parecido al del holocausto, hasta que sus pulmones y su corazón fallaron. En ese momento, lo llevaron a la unidad de cuidados intensivos y le alargaron la vida atándolo a unas máquinas de respiración y latidos automáticos. Su evolución era como una montaña rusa, unos días los médicos nos alegraban diciendo que había esperanzas, y otros días nos dejaban con mal sabor de boca.
Recuerdo perfectamente que una semana antes de su muerte me fui a mi viaje de estudios a París y volví con una bonita postal para él y mi abuela.
¡La admiro tanto por su endereza en esos momentos!
Afortunadamente no tuve que presenciar ese último respiro.
El día en el que ocurrió todo, en el que nuestra atracción de feria se detuvo, estábamos comiendo como cada domingo en casa de mis abuelos. Mis padres, mis tíos y mi abuela se iban siempre al mediodía a visitarlo y volvían sobre las cinco de la tarde. Pero ese día tardaron más de la cuenta, mi tío se quedó cuidándonos hasta que mi hermana nos llevó a casa. Pasé la tarde en casa de una amiga, nos habíamos decido a ver "El Diario de Noah" que, paradójicamente, (alerta de spoiler) tiene un final triste, muy parecido al que sucedió ese día. Llamaron al telefonillo de la casa de mi amiga y detuvimos la película a la mitad. Abrimos y mi madre me comunicó la noticia sin derramar ni una sola lágrima. Yo le correspondí con una sonrisa, sin asimilar la noticia. Después se fueron a decírselo a mi hermana pequeña, la cual se cayó al suelo cuando corría a escuchar a mis padres. Mis padres pasaron la tarde y la noche en el tanatorio, y yo me mantuve fuerte y valiente frente a todos, incluso frente a mi hermana. Esa noche hice yo la cena, unas hamburguesas deliciosas, y decidimos acostarnos pronto.
En cuanto apoyé la cabeza en la almohada, un mar de lágrimas inundaron mi rostro. Había estado reteniéndolas tanto tiempo que me dolía la garganta y el pecho, pero había aguantado por todos. Al final acabamos llorando mi hermana pequeña y yo, recordando tristemente la noticia. Al rato apareció mi hermana mayor con su novio y no dudé, a pesar de nuestra relación fría y tirante, en abrazarla y llorar sobre su hombro. Fue un momento mágico e irrepetible, y me dolió que tuviera que ser en esas circunstancias.
Al día siguiente, mi madre me preguntó si tenía fuerzas para ir al instituto, era el primer día a la vuelta de vacaciones, y le dije que no, que quería ir al tanatorio y al entierro a despedirme de él, como todos los adultos. Llevé a mi hermana al colegio, la dejé llorando y un par de madres vinieron a preguntarme sobre mi abuelo.
Luego mi hermana y su novio me llevaron al tanatorio con mis padres y los demás familiares y amigos que había allí. Fue una mañana extraña. Pasábamos de las risas a las lágrimas con facilidad, recordamos anécdotas sobre mi abuelo y sobre la familia. Comimos con mis primos y tíos valencianos y, sobre las cinco y media, asistimos a una misa que mi tía-abuela había pedido a causa de su práctica católica. Más tarde, sobre las seis (la misa no fue muy larga), seguimos al coche fúnebre hasta el cementerio y allí las lágrimas corriendo como en cascada. Todos llorábamos y observábamos la escena con melancolía y anhelo. Los parientes más cercanos cogimos una rosa cada uno y nos fuimos de allí sin más.
Intenté guardar esa rosa hasta que comprendí que "mi fenómeno" iba a quedarse en mi corazón y no necesitaba ningún objeto material que me lo recordara. Mi abuela le dijo a mi prima pequeña que mi abuelo estaba en una de las estrellas y que solo teníamos que mirar al cielo por la noche para verlo y comunicarnos con él.

Cada vez que mi familia y yo visitamos su nicho, el cual pronto cambiaremos por una tumba tradicional, sonreímos y afrontamos el momento con alegría. Cuidamos de su espacio (mi abuela lo llama apartamento) regalándole flores. Y siempre que aparece en una de nuestras conversaciones, acabamos adulándolo a más no poder. Al fin y al cabo, en "nuestro fenómeno", nuestro astronauta, mi abuelo.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Presentación

Mi nombre es Celia, aunque le tengo un cariño especial a mi seudónimo y no me importa ser conocida por él (GoldenC). Nací un 15 de diciembre gracias a los esfuerzos de mi madre, en el año 1997. Baso mi filosofía de vida en la sinceridad y en la escritura. Este último concepto es mi gran sueño, el cual espero que se haga realidad muy pronto.

Si tuviese que definirme en pocas palabras, diría que soy una persona sincera, romántica, buena (a veces demasiado buena) y familiar. Los tres pilares que conforman mi vida son: la familia, la escritura y la amistad.  Siempre me he considerado una persona sencilla, pero con una personalidad tan fuerte y marcada, que he llegado a tener problemas por culpa de mi orgullo, mi cabezonería y mi ceguera mental.

No os voy a engañar, mi vida no ha sido nada complicada. He tenido una infancia feliz y una adolescencia como otra cualquiera, con sus más y sus menos. Mas, como toda escritora, la niña que llevo dentro y que viaja a través de mi imaginación y mis sueños, provoca que mantenga una actitud infantil ante la vida y sus adversidades.

Mis principales miedos, los cuales desarrollaré posteriormente en las siguientes entradas del blog, son principalmente: la soledad, las alturas y lo desconocido. Dentro de este último podría crear decenas de submiedos (me acabo de inventar esta palabra) como el amor, la muerte, las drogas, las enfermedades, etc.

Espero que vayáis descubriendo más información sobre mí gracias a la lectura de este blog.
También encontraréis relatos ficticios de diferentes temas, mayoritariamente de amor y psicológicos.

Gracias por vuestra lectura. Esperaré vuestros comentarios con muchas ganas. Hasta pronto. Y bienvenidos a mi pequeño mundo de palabras sin tinta.