Sus manos rodean mi cintura y yo me dejo llevar.
Mis cabellos colorean el viento; los suyos cubren sus ojos.
Y, aun a ciegas, me conduce a un mundo lleno de sensaciones hermosas.
No me permite tropezar, ni pisar sus pies.
Maneja mi cuerpo a su antojo, al ritmo de una melodía sin final.
Una tormenta cae sobre nosotros, pero no dejamos de movernos por la calzada.
El asfalto se moja con nosotros, nos acompaña en nuestra aventura.
Una escena irrepetible, diría cualquiera; una escena imposible, dirían otros; una escena lamentable, criticarían algunos; una escena infinita, decimos nosotros.