Recibe golpes, ahoga gritos.
Traga insultos, pero no los digiere.
Cubre su cuerpo en un intento de ocultar el dolor, mas no comprende que sus ojos muestran las escenas de horror que ha protagonizado.
Tres números en un teléfono: 016.
Una voz comprensiva.
La justicia le tiende la mano.
El fuego de su infierno se extingue.
Despierta de la utopía.
Pierde.
Se convierte en un número estadístico más.
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